Pablo durante su participación en el Maratón del año pasado en  Estocolmo.
 
 

Pablo Cavero. Todos los años cuando cruzo la meta del maratón y se me saltan las lágrimas del dolor, o del alivio por dejar de sufrir, me juro a mi mismo que ya es el último, y que mi vida como Maratoniano de motor Diesel ha llegado a su fin. Y todos los años cuando la Fundación Deporte y Desafío llama a la puerta para apuntarme a algún maratón, como excusa para pedir donativos, vence el corazón a la razón y respondo que adelante, que cuenten conmigo...que es lo mínimo que puedo hacer por ayudar a mis amigos de la Fundación.

Este va a ser mi sexto año consecutivo de maratones después de haberme arrastrado por varias capitales Europeas. Son ya muchas las anécdotas acumuladas, los kilómetros recorridos de entrenamiento (en torno a 5.000, como de Madrid a Moscú...) y la espalda me lleva ya mandando serios avisos desde hace un par de años.

Pero este 2009 es un año especial, por ser mi último maratón, y te agradezco de antemano que en este contexto económico difícil para todos, contemos con tu donativo por muy pequeño que sea, para dedicarlo a que muchas personas con alguna discapacidad venzan barreras mentales, y esquíen este invierno por primera vez, o se inicien en muchos otros deportes como el tenis, paddle, golf, etc...con monitores especializados y material adaptado para encontrar a través del deporte unos valores que les van a ser fundamentales para superarse y mejorar su calidad de vida.

Este año voy más corto que nunca de preparación por una lesión de espalda que me ha tenido parado muchas semanas, aunque viéndolo en positivo ha contribuido a que mis 5 hijos se dieran cuenta de que su padre era de verdad. Si esta excusa no era suficiente, mis compañeros de entrenamientos también se han lesionado, haciendo de la preparación algo todavía más solitario y tedioso. Muchos vientos de cara, pero sigo contando con lo más importante: el apoyo incondicional de mi santa mujer (gracias por tu paciencia).

A diferencia de otras actividades más "cool", el maratón es uno de los eventos que más contribuyen al desenamoramiento acelerado de la parienta: mallas apretadas, shorts con aperturas extrañas, camiseta de tirantas ensangrentada cuando corres más de la hora, vaselina para evitar rozaduras en partes poco nobles, apretones en la vía pública, rostro desencajado, olores variopintos, llegada agónica a la meta (como Chiquito…) incluidos vómitos y mareos...en fin, todo menos "glamouroso", y aún así me acompaña, anima y jalea con pasión Española y Andaluza, año tras año...

Para los que me decís que no entendéis nada de esto, sí quiero que visionéis que a partir del kilómetro 30 de maratón, cuando ya llevas más de 3 horas corriendo sin parar ni para beber y te das contra el "muro" (agotamiento extremo), te duele hasta el DNI, notas pinchazos por todo el pecho y una vocecita interna gritando "párate", voy a utilizar de nuevo una técnica mental que me ayuda a apretar los dientes y llegar a la meta: cada kilómetro os lo dedico a alguna de las personas que hacéis un donativo a la Fundación, y esa es la zanahoria de mi burro-taxi. Os aseguro que funciona, así que ánimo y me acordaré en el buen sentido de ti.

Estos donativos representan entorno a más del 10 % del presupuesto anual de la Fundación y espero además volver a contar con el generoso patrocinio de Barclays para doblar vuestra aportación si consigo acabar en tiempo y vivo.

En la cara B del disco en la que vivimos los cuarentones es difícil encontrar buenas canciones, pero como dice un gran golfista, "la vida empieza a los cuarenta" y aquí estamos para demostrarlo durante 42,185km...Muchas gracias por anticipado en nombre de la Fundación Deporte y Desafío.

Objetivo: Evitar el infarto